Cada cuerpo cuenta historias. Experiencias, transformaciones y nuevos comienzos dejan huellas. En este taller investigamos el cuerpo como portador de una vida vivida y observamos cómo memoria, movimiento y presencia entran en diálogo.
Algunos recuerdos tienen palabras. Otros aparecen en una postura, una respiración, un ritmo o un movimiento inesperado. Les damos espacio sin necesidad de explicarlos ni valorarlos.
Algo se hace visible que ya estaba allí, pero que todavía no podía ser visto.
Poner en movimiento lo conocido
Me interesan las posibilidades inagotables de lo que ya existe. Un músico se encuentra con las mismas doce notas; un pintor, una y otra vez, con los mismos colores. Lo decisivo no es que cambie el material, sino las relaciones que establecemos con él.
Lo conocido rara vez está agotado. A menudo solo lo hemos contemplado dentro de un orden determinado. Por eso permanezco con una pregunta, un movimiento o un encuentro el tiempo suficiente para que pueda mostrarnos algo distinto.
La profundidad no nace del cambio constante, sino de la capacidad de establecer nuevas relaciones con aquello que ya conocemos.
Un espacio de investigación artística
Cada persona llega con un rico espacio de experiencia. La danza, el movimiento, la improvisación y el teatro no transmiten nuevas verdades: ponen en movimiento lo que ya está presente.
No compongo una coreografía terminada. Compongo atención, relaciones, reglas, tiempo, espacio y tareas. De ahí surge algo que nadie conoce por completo de antemano, tampoco yo.
Entre control y entrega
Con impulsos sencillos de movimiento, ejercicios de percepción e improvisación libre se abre un espacio para la confianza, el riesgo y el juego. No hay pasos obligatorios ni una forma correcta de hacerlo. Tú decides hasta dónde deseas participar.
Para quién
El formato se dirige especialmente a personas mayores de 50 años, pero está abierto a todas las personas adultas que quieran explorar su propio movimiento con curiosidad. No se requiere experiencia en danza.
